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sábado, 27 de octubre de 2018

León NO es castellana (Tampoco Zamora, ni Salamanca)

Por Lluis Llïonés

Estimados señores de RTVE:

A través de redes sociales, he tenido noticia de que desde su medio de comunicación se ha llamado a León "localidad castellana" y al Estadio "Reino de León" lo han llamado por su antiguo nombre "Antonio Amilibia" (con falta ortográfica incluida, pues se escribía con "V", y así aparecía escrito en la antigua rotulación del estadio).

Ni las ciudades y capitales de provincia de León, Zamora y Salamanca ni sus provincias son "castellanas". La actual comunidad autónoma de "Castilla y León" (con conjunción copulativa) queda formada por los restos de la región de "Castilla la Vieja" (tras la segregación de Logroño y Santander), y por la región del "Reino de León" formada por las tres provincias anteriormente aludidas. Por lo que tan erróneo es decir que Soria es leonesa como que León es castellana.

Si desean ampliar información sobre la formación de la comunidad autónoma de Castilla y León, les recomiendo la entretenida lectura del libro "Provincias, Regiones y Comunidades Autónomas. La formación del mapa político en España" del autor Jacobo García Álvarez, editado por la Cámara del Senado.

A la vista de lo expuesto mostrar mi malestar ante RTVE por este tipo de errores que se repiten más de lo deseable, y adherirme a la protesta que a continuación les enlazo de la que he tenido conocimiento a través de redes sociales, con el ruego de que no se vuelva a repetir dicho error en el futuro.

https://losrugidosdeleon.blogspot.com/2018/10/sorteo-de-la-copa-del-rey-octubre-de.html?spref=fb&fbclid=IwAR3Mm6jcttYSZ4o3DKakwnOzHGgioVdr2CA_inEo2RydJVUDzezldZdBCUc
Por Alicia Valmaseda Merino, Coordinadora y Portavoz de ComunidadLeonesa.ES Correo dirigido hoy, 22 de octubre de 2018 a las siguientes d...

Nota: se adjunta plantilla escolar en el que pueden comprobar el mapa que sirvió de base para la formación de las actuales comunidades autónomas, todo ello a efectos informativos y de que a quien le queden dudas tenga la oportunidad de practicar las tres provincias leonesas.


Saludos cordiales


domingo, 26 de agosto de 2012

Aclaración a los "gallegos" trasmontanos

Por Lluis Llïonés

Estimados señores del diario "El Comercio":

Perplejo me he quedado al ver en su artículo "León retomará en otoño la fusión de San Isidro y Fuentes de Invierno" del pasado 13/08/2012 (http://www.elcomercio.es/v/20120813/asturias/leon-retomara-otono-fusion-20120813.html) al comprobar cómo, hasta en dos ocasiones, llaman a "León" "Castilla". A este respecto sólo puedo mostrarles mi malestar, pues León ni es, ni ha sido "Castilla", mucho menos de la forma que lo hacen manteniendo que León es Castilla mientras que Asturias sigue siendo Asturias, por lo que la identificación de León con Castilla no puede entenderse más que como un injustificado vulgarismo. Con ello no hacen otra cosa que dejar perfectamente claro que no sólo desconocen la historia de León, sino también la de Asturias. No tengo nada contra "Castilla" pero sinceramente, como leonés no me gustan que me llamen lo que no soy, al igual que a un asturiano no le puede gustar que le llamen gallego por mucho que respete a los gallegos.

A este respecto, a fin de evitar innecesarias repeticiones de argumentos les dejo mi artículo titulado "Castilla, ¿y León?" dedicado a los medios de comunicación sobre el error, más común de lo que fuera deseable, de confundir León con Castilla y que es perfectamente aplicable al cometido de forma reiterada en su artículo:

http://losrugidosdeleon.blogspot.com.es/2012/05/castilla-y-leon.html

A este respecto comprenderán ustedes que exigir que se nos llame por nuestro nombre es una cuestión de elemental respeto, pues a nadie se le ocurriría llamar a "Pedro" "Juan" cuando se llama "Pedro", por lo que atendiendo a la profesionalidad e independencia de su medio de comunicación no dudo que al menos harán una rectificación en la edición digital, y evitarán en un futuro cometer este tipo de errores.

Agradeciendo de antemano su atención y colaboración, reciban un cordial saludo:

miércoles, 30 de mayo de 2012

CASTILLA, ¿Y LEÓN?

Por Lluis Llïonés

Desde los diferentes medios de comunicación se emiten innumerables noticias, documentales y programas de entretenimiento en los que muchas veces resulta inevitable referirse al territorio en el que se incardinan las diferentes informaciones. Sin embargo no son pocas las veces que se comenten errores, unas veces no intencionados y otras veces de forma no tan ingenua. Sin embargo el error que se repite, de forma insistente, es incluir a Salamanca, Zamora o León en “Castilla”, llevando así a sus territorios, ciudades o costumbres a un ámbito geográfico al que nunca pertenecieron.

No puedo dejar de señalar, que Salamanca, Zamora o León no pertenecen a "Castilla". Actualmente la Comunidad de Castilla y León está formada por parte de la región denominada “Castilla la Vieja (tras la segregación de Logroño y Santander) y la región denominada "Reino de León" formada por León, Salamanca y Zamora, a este respecto se puede consultar el decreto de 1833 que establece la división regional (además de provincial) a que alude el art. 2 de la actual Constitución Española de 1978.

“La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.”

Las nacionalidades en 1978 no estaban definidas como tales, pero lo que si estaban definidas eran las regiones de España, concretamente en el mencionado decreto de 1833 (conocido como el decreto de Javier de Burgos) que no queda derogado por la aprobación de las comunidades autónomas, sino que continúa siendo derecho vigente conteniendo así otra clasificación territorial y administrativa diferente a la que se utiliza habitualmente por políticos y medios de comunicación. Asimismo también podemos observar una gran confusión entre lo que es “región” y lo que es “comunidad autónoma” en sentido estricto. La Constitución Española utiliza denominaciones diferentes, en el art. 2 habla de “región” para referirse a la división preautonómica, y en el resto del articulado habla de “comunidad autónoma” para referirse a los entes político-administrativos que derivan del proceso autonómico contenido en ella. Si “región” y “comunidad autónoma” fueran lo mismo, ¿para qué iba la propia Constitución a utilizar dos denominaciones diferentes para referirse a “lo mismo”?

La situación por la que la comunidad autónoma de Castilla y León queda formada por dos regiones, queda reconocida de forma claramente implícita en el preámbulo de la actual Ley Orgánica 14/2007, de 30 de noviembre, de reforma del Estatuto de Autonomía de Castilla y León cuando afirma:

"La Comunidad Autónoma de Castilla y León surge de la moderna unión de los territorios históricos que componían y dieron nombre a las antiguas coronas de León y Castilla."

Estas dos líneas extraídas del preámbulo son especialmente esclarecedoras, pues de ellas se pueden extraer varias conclusiones:
  1. Si habla de "moderna" unión, es que no existía antes.
  2. Si habla de "unión" no se trata de fusión.
  3. Con los límites actuales de la Comunidad, al referirse a "coronas de León y Castilla" no se puede referir a otra cosa que no sean las regiones del decreto de 1833, puesto que cualquier otra referencia anterior nos llevaría a límites muy diferentes.
Consecuencia de lo expuesto el Estatuto no califica a esta Comunidad como "región" y su gentilicio no es "castellano-leonés" sino "castellano y leonés".

Por tanto vemos como esta Comunidad autónoma queda formada por dos regiones, la región "Reino de León" y la región "Castilla la Vieja" ésta última incompleta ya que durante el proceso autonómico se segregan Logroño y Santander), sin que ninguna de las tres provincias que forman "León" se conviertan en "Castilla" ni viceversa. Lo mismo puede deducirse del propio nombre de la comunidad autónoma, en el que existe una conjunción copulativa que sirve para unir dos elementos diferentes, pero de la misma relevancia sin que ninguno de los dos quede subordinado al otro.

Por otra parte, en ningún momento histórico, Salamanca, Zamora o León pertenecen al Reino de Castilla, por ello la única identificación con "Castilla" que quedaría sería la "Corona de Castilla" formada a partir de 1230, pero resultaría cuanto menos "curioso" tratar de propugnar que Salamanca, Zamora o León son “Castilla”, cuando jamás se aplica a otros territorios que estuvieron bajo la Corona de Castilla (pensemos en lugares tan dispares como por ejemplo Galicia, Oviedo, Sevilla, Murcia, Algarve, el País Vasco...) salvo para aludir a cuestiones eminentemente históricas concernientes a dicha Corona, o como mucho de forma literaria, que tampoco suele ser el caso; hacerlo no sirve más que para crear más confusión aún de la que ya existe sobre lo que es Castilla y lo que es León, derivada entre otros motivos del hecho de que compartan en la actualidad una misma circunscripción autonómica, cosa que no resulta de recibo, mucho menos en los casos en que el contenido son documentales de tipo cultural.

Resulta incomprensible el interés de propugnar que las tres provincias leonesas tengan que ser "Castilla", tal y como reiteradamente se hace desde algunos medios de comunicación.

Por si alguien necesita una ampliación de información, aquí están los vídeos de Cazurrina71 (http://zmerche.blogspot.com/) que lo explican gráficamente:

Castilla y León son DOS regiones: LEÓN (Zamora Salamanca y León) y Castilla la Vieja que los políticos decidieron unir, EN CONTRA DE LA VOLUNTAD DEL PUEBLO LEONÉS, hace 26 años porque, además de las famosas razones de estado, entre otras lindezas, geográficamente les venía bien para que Valladolid fuese el centro de la Comunidad.

Nadie llama a los de Burgos o Soria, leoneses, ¿verdad?. Entonces ¿tanto cuesta entender que los leoneses (de ZAMORA, SALAMANCA y LEÓN) NO SOMOS castellanos?
Los leoneses pedimos que se respete nuestra identidad, somos españoles, pero NO SOMOS CASTELLANOS, no nos llames castellanos: nuestras gentes, nuestra cultura, nuestros productos y monumentos son LEONESES.





Somos los últimos que nacimos en la Región de León, los últimos que la estudiamos en el colegio, los últimos que aún tienen memoria... ¿vas a dejar que ganen? ¿Hasta cuándo vas a callarte?

Después de 28 años tienen que seguir oyéndonos, porque estamos aquí, porque no nos hemos ido a ninguna parte y porque SOMOS LEONESES...

Cuéntaselo a los que vinieron detrás...a los niños que engañan en el colegio...a los que olvidaron ya....díselo: ¡SOMOS LEONESES!

¡AUTONOMÍA PARA LEÓN YA!



jueves, 3 de mayo de 2012

“UN VAL CONDENAU A MORRERE”

Por Lluis Llïonés

Entre los argumentos esgrimidos en su día para la construcción de la presa de Riaño por parte de políticos, figuraron incontestables argumentos de progreso, prosperidad y fijación de población joven en el sur de la provincia de León y el norte de Zamora al convertirse en regadío más de 80.000 has. de cultivos de secano. Con estos argumentos enfrentaron a leoneses del sur que se manifestaron a “billete pagado” contra una parte de la montaña, viéndose amparados con estas promesas de progreso. De esta forma se vieron así expulsados los habitantes de la comarca de Riaño a favor "del progreso, la modernidad y la solidaridad".

Sin entrar a valorar siquiera si las indemnizaciones fueron acertadas, suficientes o si estos habitantes fueron sacados a “la sillita de la reina” como presumía algún alto cargo político de la época, puesto que para ello ya se han dictado varias sentencias al respecto, lo que todos podemos afirmar es el grave daño que produjo el desarraigo provocado al verse expulsados de sus tierras, de sus casas, pero sobre todo al verse expulsados de sus medios de vida que, aunque fueran indemnizados, les obligaba a buscar nuevos medios de vida con lo incierta que tiene que ser esta situación, más cuando te ves abocado a trasladarte a tierras que ni siquiera conoces. No nos engañemos, el pueblo nuevo de Riaño se convirtió más en una urbanización vacacional (y no necesariamente para riañeses) que en un lugar capaz de generar nuevos medios de vida. Además de los bienes materiales indemnizados es evidente que hubo otros “bienes” de quienes nadie más se acordó que necesariamente tuvieron que caer en el pleno desamparo, ante lo impasible del “progreso”.

Transcurridos los años, 25 desde el cierre de la presa, muchos años sin duda, los suficientes para que políticamente nos olvidemos de todo, tenemos que asistir en un conocido medio de comunicación “castellanoleonés” a la respuesta que se da por parte de una política a un espontáneo leonés que intervino en el programa para quejarse ante la sequía existente porque “a León le robaban el agua”. Muy airosamente la política en ejercicio contestó que “el agua es de todos” no de los territorios por lo que el agua no se puede “robar”, dejando así a este espontáneo como si fuera un “insolidario leonés de esos que tanto se quejan sin razón”. Sin duda me identifiqué con la afirmación de este espontáneo, seguramente labrador afectado por la sequía existente. Esta “universalista” (político) elegida, oh casualidad, por la provincia de Valladolid, o ignora, o le interesa ignorar lo ocurrido en León, o habla “universalistamente” con muy mala fe.

La realidad es que de las más de 80.000 has. que el agua de Riaño iba supuestamente a regar en el sur de León y norte de Zamora, sólo una pequeña parte, que ronda las 8.000 has., se riega de forma constante con el agua de la discordia, el resto se trasvasa al río Carrión y sigue camino de la provincia pucelana donde sí se le da cierto aprovechamiento. ¿De verdad, después de estas promesas incumplidas, puede un político decirle a un labrador leonés que ve peligrar su cosecha por la sequía, que no le roban el agua? Discúlpeme ud. pero no prometan y luego no oirán que robaron cuando no dieron lo prometido. Con el agua prometida ¿qué se hace? ¿A dónde va? ¿Donde está ahora el agua que los pantanos rebosaban el año pasado? Porque si “el agua es de todos” y “no de los territorios” también lo es de los leoneses.

¿De verdad no hemos sido solidarios los leoneses con el agua? ¿Qué más se nos puede pedir a los leoneses para que seamos un poco más solidarios? Resulta que ese universalismo, tan políticamente correcto, procede de un político, valga la redundancia, de provincia receptora de agua que no ha tenido que sacrificarse por nadie ¡¡¡VIVA LA SOLIDARIDAD!!!


Programa grabado por la TV de Galicia en 1986

La realidad es que la justificación que dio origen a la construcción del monstruoso pantano de Riaño, en un momento que mal que pese la agricultura ya no era motor de la economía y menos con los dictados de la UE que se sabía nos iban a imponer, no existe. Y, si dicha justificación no existe ¿por qué no facilitar el ejercicio del derecho de reversión de los bienes expropiados al desaparecer la causa que justificó dicha expropiación? Según el art. 33.3 de la Constitución Española de 1978 “Nadie podrá ser privado de sus bienes y derechos sino por causa justificada de utilidad pública o interés social, mediante la correspondiente indemnización y de conformidad con lo dispuesto por las Leyes.”

¿Cuál es la utilidad pública o el interés social a día de hoy de esta infraestructura? ¿es suficiente para justificar el daño causado? ¿Engañaron, robando así a labradores y montañeses que enfrentaron entre sí? Los políticos nos vendieron.

El ferrocarril de la “Vía de la Plata” fue cerrado a la par que se cerraba la presa de Riaño, esta vez bajo argumentos económicos de falta de rentabilidad. Los leoneses de las tres provincias del Reino de León, no encontramos solidaridad para el mantenimiento de esta vía, su modernización o puesta en valor para que mediante una política de modernización de comunicaciones, contribuyera a revitalizar o al menos mantener la situación de estas provincias. De esta forma quedaban así aisladas por ferrocarril y desvertebrada la Región Leonesa. Donde no llegan las comunicaciones está claro que no se van a instalar industrias, y las que hay antes o después terminarán marchando a otras zonas logísticamente más interesantes. En otras zonas del país se mantuvieron y se mantienen líneas no rentables por su capacidad de “revertir” recursos a las zonas por donde discurren. Los políticos nos vendieron.

También en virtud de motivos de progreso y ecología, al tratarse de energías “verdes”, se pretendían instalar varios parques eólicos en la montaña de Omaña. Todos sabemos que se trata de un hábitat muy importante para los urogallos y los osos. Estos parques se iban aprobando en virtud de licencias individuales sin observarse el impacto que, de forma global, tendrían todos estos parques. Actualmente estos parques se encuentran parados vía judicial por falta de estudio de un impacto global. Veremos en que queda, ¿pero no era la Junta de Castilla y León la encargada de velar por este tipo de informes en vía administrativa? Se ve que Valladolid queda muy lejos de Omaña. Los políticos nos vendieron.

Igualmente en materia de carreteras parecen muy preocupados los políticos actuales por la autovía Valladolid-León (que no León-Valladolid, -vaya insolidaridad la mía por decir esto). Si coges la Ctra. nacional León-Valladolid un día de diario, la realidad es que suele estar muy colapsada hasta aproximadamente la localidad de Santas Martas, donde se coge la autovía de Burgos. Hasta aquí es indiscutible la necesidad de la autovía, eso sí, dejando a salvo los restos arqueológicos de Lancia. El resto es una nacional más bien poco transitada que, como mucho, necesitaría algunas circunvalaciones a pueblos, lo que sería un escaso gasto en relación a la construcción completa de la autovía. Sin embargo nada se habla dentro de ese mundo globalizado, “universalista” y por ende políticamente correcto, de la autovía internacional León-Braganza. Esta autovía sí sería necesaria para situar a León en el mapa, sin duda sería la salida de la riqueza del norte de Portugal con Europa pasando por León donde se podría situar un puerto seco capaz de dar cientos de puestos de trabajo. De esto no se oye hablar, ni creo que esta autovía se materialice, al menos por León. Los políticos nos siguen vendiendo.

Asistimos a ver como la autovía León-Valladolid dejó al descubierto parte del yacimiento arqueológico de Lancia, declarado Bien de Interés Cultural por la propia Junta de Castilla y León. Estos restos según diferentes expertos son de incalculable valor, y buena muestra del valor del resto del yacimiento. Lejos de poner manos a la obra para descubrir, poner en valor, y explotar intelectual y turísticamente este recurso que podría revertir más riqueza y puestos de trabajo que muchas industrias se convierte en un “pim, pam, pum” entre políticos. Tras la resolución de la Comisión de Patrimonio Autonómico, dando la razón a colectivos leoneses que reclamaban la puesta en valor de todos los restos en lugar de su “aplastamiento” con una autovía, lejos de excavarse y explotarse cultural y económicamente el resto del yacimiento, los restos descubiertos han estado a la intemperie durante casi dos años, con el consiguiente deterioro que ello conlleva, mientras los ciudadanos asistíamos a continuas promesas de “salvación” que, hasta la fecha, no se han materializado, si bien, estos últimos días procedieron a cubrirlos, esperemos que con la intención de preservarlos y digo yo, ¿Cuántas veces piensan los políticos salvar Lancia antes de hacer algo con los restos? Los políticos nos siguen vendiendo.

Asistimos también a la protesta en la Comarca de El Bierzo, por la próxima quema de residuos en la incineradora “Cosmos”, con la consiguiente emisión de residuos a la atmósfera, emisiones contaminantes que, a pesar de todo lo avanzadas que puedan ser estas incineradoras, se producirían. El Bierzo, es una de las comarcas más ricas de la provincia de León en muchos sentidos. Sólo hay que pensar en el perjuicio que ocasionaría a la imagen de El Bierzo, como productora de vino con D.O. propia, la instalación de este tipo de industrias contaminantes, sin entrar a valorar la repercusión directa sobre las propias cosechas y (repercusión) en la calidad de la uva. ¿Somos insolidarios los ciudadanos por oponernos a esta industria en el Bierzo? Cuando en otras regiones se rechaza la quema de residuos, aquí se convalida desde las propias administraciones ¿esto se haría en Valladolid en la zona Rueda? Veremos en qué termina la cuestión en el caso de El Bierzo, pero cuando es la fuerte oposición ciudadana en El Bierzo y no la Junta la que se opone, podemos decir que los políticos nos siguen vendiendo.

Recobra fuerza en estos días la amenaza de la autopista de energía Sama-Velilla. Nuevamente se vuelven a invocar razones de interés público, progreso y economía para exigir la solidaridad de los leoneses con esta infraestructura, supuestamente para exportar energía eléctrica desde Asturias si bien noticias periodísticas a veces alegan que es Asturias la que quedaría “a oscuras” por falta de esta infraestructura. El Informe Lago ha demostrado lo innecesario de esta infraestructura eléctrica que trataría de atravesar la montaña leonesa, produciendo en ella incalculables daños medioambientales al romper el paisaje y daños incalculables sobre el turismo, de lo poco que nos queda en esta provincia, al instalar torres de alta tensión de dimensiones inexistentes en Europa. Medioambientalmente los daños son incalculables, lo que le ha costado a este proyecto ser tumbado en varios de sus intentos desde instituciones europeas. Esta infraestructura podría hacerse soterrada, lo que incrementaría fuertemente los costes, por lo que al parecer no merece la pena, mejor exigir solidaridad leonesa y que pierdan una parte importante de sus recursos. Los políticos vuelven a hablar de este proyecto sin ni siquiera encontrarse resueltas las más de 27.500 alegaciones presentadas por colectivos y particulares leoneses contra este proyecto. Los políticos parecen seguir empeñados en este proyecto. Los políticos nos siguen vendiendo.

Un nuevo proyecto de “desarrollo y progreso” se cierne sobre nuestra tierra, la estación de esquí de San Glorio. A pesar de que León aporta más del 80% de la superficie de la estación de esquí, los principales accesos se encuentran por la vertiente palentina, siendo precisamente estos accesos la única aportación de dicha provincia al proyecto de San Glorio, donde el valor del suelo ha llegado a “calentarse” hasta límites insospechables, no así en la vertiente leonesa. Igualmente el domicilio social (o lo que es lo mismo, el lugar que se beneficiará de sus tributos), de la empresa “Tres Provincias” encargada del proyecto, para el que ya ha solicitado subvenciones multimillonarias por parte de la Junta, se sitúa en Palencia. Nuevamente a pesar de ser los leoneses quienes más aportamos, somos los que menos recibimos. Por no hablar de los daños medioambientales de este proyecto, que ha necesitado de la modificación de la normativa autonómica para su aprobación, si bien le queda el trámite más complicado, superar la normativa europea. ¿Podemos ser más solidarios? Los políticos ante todo esto permanecen genuflexos ante el expolio leonés. Los políticos nos siguen vendiendo.

Milagrosamente nos hemos librado de la instalación de un cementerio nuclear, esta vez en la provincia de Valladolid para que veamos que todo lo malo no nos toca sólo a los leoneses. Debe ser que la solidaridad de las políticas procedentes de Valladolid existe. Sin embargo cogiendo el mapa vemos que se trata de un rincón de esta provincia metido en la de León. El cementerio se situaría a unos pocos kilómetros de Sahagún, incluso existió un proyecto de instalar un reactor nuclear en su polígono industrial. Los políticos nos vendieron.

La lista interminable continúa, reparto de Fondos Miner, de Convergencia, y del propio presupuesto de la Junta, la ubicación de sedes de instituciones, empresas, etc. que han ido en favor de otros que no son los leoneses. Los políticos nos vendieron y nos siguen vendiendo.

Finalmente el art. 2 de la Constitución Española de 1978, recoge el siguiente tenor literal: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.” En 1978, entre el resto de regiones de España, existen dos perfectamente diferenciadas, una es Castilla la Vieja y la otra es el Reino de León. Si la Constitución reconoce el derecho a la autonomía de estas regiones. ¿Por qué se parte de un ente preautonómico compartido entre las mismas? Tras la aprobación de este ente preautonómico era necesario entre otros requisitos la aprobación de esta iniciativa por al menos 2/3 partes de los ayuntamientos que representen, al menos, la mayoría del censo electoral de la provincia. En un porcentaje cercano al 80% los municipios leoneses votaron negativamente a esta integración sin que estos acuerdos fueran elevados a públicos. Sin embargo por mandato de Madrid orquestado por un diputado de Valladolid, los representantes políticos leoneses votaron favorablemente, no sin disidencias ni polémicas. ¿Es casual que se parta de una preautonomía compartida? ¿Es casual que se forzara la permanencia de la provincia de León mientras se permitía el abandono por parte de Logroño y Santander? ¿Sufriríamos los leoneses las amenazas anteriores? ¿Tendríamos algo que decir los leoneses ante todas estas amenazas? ¿Pintaríamos algo más a nivel nacional? ¿Nuestra situación sería esta? ¿Nuestra situación laboral y económica sería esta? Los políticos nos condenaron a muerte.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

UN SUEÑO RECURRENTE

Por Lluis Llïonés

Una vez más tenemos los leoneses (seamos o no leonesistas,) que asistir a la mentira y manipulación de nuestra historia desde determinados sectores. Como tantas veces, se trata de repetir una mentira en el tiempo, hasta que al final todo el mundo, aunque sea a nivel más popular y a veces no tan popular, la termine dando por verdad.

El Real Decreto de 30 de noviembre de 1833, publicado el martes 3 de diciembre del mismo año en la Gaceta de Madrid número 154, fue realizado a cargo del Ministro D. Javier de Burgos, siendo regente la Reina María Cristina de Borbón-Dos Sicilias. Mediante este Decreto de 1833 se opera la nueva organización civil del territorio, como base de la administración interior, dividiendo España en 49 provincias. Estas provincias resultan, según el Decreto, de la división de los territorios de lo que serían los antiguos reinos o regiones históricas. Aunque este Decreto ha sido criticado por algunos por modificar, a veces de forma un tanto arbitraria, las fronteras de las provincias o suprimir algunas, el criterio empleado por Javier de Burgos, no era tan arbitrario en aquel momento pues al crear en cada provincia una capital con funciones administrativas, lo que pretendía, en un orden de las cosas de tipo práctico, era que no se tardara más de un día en llegar desde cualquier punto de la provincia a la capital, así como que todas las provincias tuviesen un rango de población entre 100.000 y 400.000 habitantes.



El Decreto de 1833 recogía, entre otras divisiones de provincias, las resultantes de: “Castilla la Vieja, se divide en ocho provincias, a saber, Burgos, Valladolid, Palencia, Ávila, Segovia, Soria, Logroño y Santander” y “el reino de León en las de León, Salamanca y Zamora”. Este decreto sufre la mayor parte de sus modificaciones bajo la actual Constitución Española de 1978, siendo mucho menores las realizadas desde la entrada en vigor del mencionado decreto hasta la aprobación de la vigente Constitución, que convalida las regiones vigentes en ese momento en su artículo 2:

“La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”.

Sobre las nacionalidades todavía no encontré catedrático alguno de derecho Constitucional que me explicara cuales eran las nacionalidades vigentes en 1978 y donde se regulaban, pero lo que sí están claras son las regiones a que se refiere dicho artículo, que dada su importancia, se encuentra protegido por el sistema de reforma constitucional agravada al igual, por ejemplo, que los artículos referentes a la forma de estado o la Corona.

Estas “regiones” se venían estudiando en las escuelas durante la etapa de enseñanza obligatoria, tal y como puede observarse en cualquier enciclopedia escolar. La división entre León y Castilla era la del Decreto de 1833. Sin embargo algunos mapas y libros hasta pasada la primera mitad del siglo XX se permitían la licencia de incluir a las provincias de Palencia y Valladolid en el Reino de León en lugar de en Castilla la Vieja. Esto se entiende si tenemos en cuenta que en ocasiones se ha convenido que la frontera entre ambos reinos venía marcada por los ríos Carrión y Pisuerga (aunque esta afirmación pueda no resultar siempre del todo exacta) dividiendo estas provincias por el medio, por lo que tanto sentido tendría incluirlas en una como en otra región desde el punto de vista histórico.

Lo que parece que no existió nunca fue una modificación legal mediante Real Decreto alguno o norma de rango superior para que dichas provincias abandonasen jurídicamente Castilla la Vieja en favor del reino de León.

Sin embargo mediante participación en ciertos foros, comentarios a artículos en blogs, (algunos datan ya incluso del año 2006) o en la popular Wikipedia, y finalmente entre algunos comentaristas de Facebook, se hace referencia a un supuesto Real Decreto de 30 de noviembre de 1855 según el cual las provincias de Palencia y Valladolid abandonaron Castilla la Vieja integrándose en el reino de León. Suelen argumentar este tipo de entradas sin explicar cómo abandonaron más tarde el reino de León y volvieron a Castilla la Vieja, o que simplemente no lo abandonaron y que son sectores “leonesistas” los que defienden el reino de León sin Valladolid y Palencia en contra del supuesto Real Decreto de 30 de noviembre de 1855.

No hemos encontrado referencias bibliográficas al supuesto Real Decreto de 30 de noviembre de 1855, ni en la bibliografía que hace referencia al proceso autonómico, momento en el que nadie contempla como base otra configuración de las regiones de España que no sean las recogidas en el Real Decreto de 1833, ni en el libro “Provincias, regiones y comunidades autónomas: la formación del mapa político en España, del autor Jacobo García Álvarez, editado por la Cámara del Senado, que además de aclarar al más alto nivel de investigación la inexistencia del supuesto Decreto, aclara la interesante diferencia entre región y comunidad autónoma.

Lo que resulta igual de sorprendente es que ni siquiera hemos encontrado el propio Real Decreto en las fuentes de legislación histórica:

Enviada consulta a través del servicio web del BOE, la respuesta fue:

“En relación a su petición, le informamos que no hemos encontrado el documento de su interés publicado en las bases de datos del BOE. No obstante, puede consultar la base de datos histórica del Boletín: Gaceta (http://www.boe.es/aeboe/consultas/bases_datos/gazeta.php). También puede serle útil dirigirse a las diputaciones provinciales de Valladolid y Palencia.
Atentamente.”

Enviada consulta a través del servicio web de la Biblioteca Nacional, la respuesta fue:

“Estimado Luis:
Desde la Biblioteca Nacional no hemos encontrado nada sobre el Decreto de 1855. De todas formas le adjunto otras fuentes de información sobre legislación Histórica en las que puede buscar:
Legislación Histórica de España: http://www.mcu.es/archivos/lhe/
Archivos de Castilla y León: http://www.archivoscastillayleon.jcyl.es/web/jcyl/ArchivosCastillaYLeon/es/Plantilla100/1258122134464/_/_/_

Consultadas estas fuentes no ha aparecido el supuesto Decreto. Todo nos induce a pensar que se trata, una vez más, de una burda manipulación histórica con la finalidad, como siempre, de hacernos a los leoneses menos leoneses y más castellanos o castellano-leoneses o simplemente de librarse los castellanos de la insolidaridad política y económica procedente de alguna de las dos provincias en cuestión. Ya resultaba excesivamente extraño y coincidente que la data fuera la misma del Real Decreto de 1833 pero de distinto año. Quizá el origen del error fuera ingenuo mediante una mala grafía del 33 que lo convirtiese en 55 pero sin duda fue aprovechado en algún momento para construir toda una ficción jurídica.

Esto nos lleva a pensar que lo que se está tratando de hacer desde algún sector es repetir mil veces una mentira para que al final todo el mundo la termine dando por verdad. No deja de ser un intento burdo, pues nunca podría acceder al mundo de la investigación, pero sí al popular, y es que para algunos eso es suficiente para justificar determinados modelos.

Ya desde antiguo estas mentiras y falsificaciones tantas veces repetidas no han hecho sino trascender a la historia dándose por verídicas hasta prácticamente nuestros días.

No dudo que a nivel científico hoy día sería imposible que el supuesto Decreto de 1855 trascendiese al nivel investigador, dados los medios e información existentes en nuestra época, sin embargo sobre lo que quiero llamar la atención es que el esquema de divulgación y finalidad es el mismo de los antiguos juglares. Gente que se mete en internet para entretener las frías y largas noches de invierno tratando de construir una historia de Castilla a su medida.

Una vez más vemos como, por ejemplo, la Fundación Villalar, auspiciada con fondos públicos de la administración de Castilla y León, trata de transmitir una imagen de la historia de ambos reinos a la medida de la circunscripción autonómica, una vez más ninguneando y ridiculizando la historia leonesa y magnificando la castellana, en una palpable demostración de que no nos encontramos en una verdadera “comunidad” que vele por los intereses de las dos regiones que la componen sino ante una situación en que una de ellas se ve supeditada en todo a la otra como si nos encontrásemos en plena época colonial.

Desde un punto de vista del orden de las cosas actual, la moderna unión (que no fusión) del Reino de León y de Castilla la Vieja (sin Logroño ni Santander), vigentes en el momento de la promulgación de la Constitución, en una nueva circunscripción autonómica, no puede basarse en otra cosa que no sea el ser más fuertes política y económicamente. Sin embargo existen sectores críticos en auge que cuestionan que esto se haya producido. Prueba de ello es que para sostener el modelo actual es necesario borrar toda cultura, e identidad, tanto castellana como leonesa, pero sobre todo leonesa dadas las tensiones heredadas en esta región del tortuoso proceso autonómico. Si el modelo autonómico castellano y leonés hubiese sido un verdadero modelo de progreso y desarrollo y no de pérdida de población y de renta per cápita, especialmente en las provincias leonesas, hubiera surgido un verdadero sentimiento “castellanoleonés” que, como en otros casos, nunca estuvo dibujado en ningún papel, al tiempo que se respetaría y promocionaría tanto la historia como la lengua y cultura heredadas de cada región sin mentiras, manipulaciones u ocultaciones. No vamos a hablar por ejemplo de la ocultación por parte de las administraciones del 1100 Aniversario del Reino de León, que lejos de utilizarse como un revulsivo turístico, ha pasado tremendamente desapercibido para muchos sectores de población que ni siquiera se han enterado de lo que supuso este reino en la historia de España o que, como mucho, han terminado enmarcándolo dentro de la Corona de Castilla.

Sin duda nos encontramos con nuevos juglares, inventores de historias. La historia pues, no se repite, sino que hace círculos concéntricos, mientras la Historia con mayúsculas sigue siendo tergiversada al servicio del poder.

sábado, 5 de febrero de 2011

HISTORIA DE UN SECUESTRO

Por Lluis Llïonés

Desde algunos sectores se trata de justificar la actual comunidad autónoma de Castilla y León bajo el regionalismo castellanoleonés o "regionalismo sano" de principios del S. XIX, para hacer frente a los nacionalismos. Si esas eran las razones en ningún caso se debería haber formado una preautonomía compartida, a la par que se debería haber utilizado la vía del artículo 144 c) de la Constitución Española (en adelante CE) “Las Cortes Generales, mediante Ley Orgánica, podrán, por motivos de interés nacional: (...) c. Sustituir la iniciativa de las Corporaciones locales a que se refiere el apartado 2 del artículo 143”, (casos de Segovia y de Madrid), vía jurídicamente mucho más deseable y justa que la utilizada; en cualquier caso el resultado continuaría resultando criticable. Mención aparte merecerían los casos de Logroño y Santander para entender cuáles fueron los motivos que permitieron su segregación de la preautonomía frente a los supuestos argumentos “sanorregionalistas” que supuestamente fundamentan para algunos esta circunscripción autonómica.

Entre otros requisitos, fuera de lo que es el artículo 144 c) CE, para formar una comunidad autónoma debía darse cumplimiento al artículo 143. 2 CE “2. La iniciativa del proceso Autonómico corresponde a todas las Diputaciones interesadas o al órgano interinsular correspondiente y a las dos terceras partes de los municipios cuya población represente, al menos, la mayoría del censo electoral de cada provincia o isla. Estos requisitos deberán ser cumplidos en el plazo de seis meses desde el primer acuerdo adoptado al respecto por alguna de las Corporaciones locales interesadas”. En el caso de la provincia de León lo que se produjo fue un fraude de ley en toda regla por la vía ordinaria del mencionado artículo 143.2 CE, no se elevaron a público los acuerdos de los ayuntamientos ya que como es bien conocido en la provincia de León, en un 80% votaron negativamente a su inclusión en la Comunidad, lo que provocó la posterior visita de D. Gregorio Peces Barba (que había sido elegido Diputado por Valladolid y uno de los “siete padres de la Constitución” entre otro amplio abanico de méritos) y el entonces presidente provincial de UCD (que luego se convertiría en Ministro de Administración Territorial) D. Rodolfo Martín Villa para “recomendar” a los alcaldes y concejales de la provincia en la reunión que mantuvieron en la Escuela de Ingeniería Técnica Agrícola, el voto favorable a la integración de la provincia en el ente “castellano-leonés” (es como se denominaba entonces, por lo que se aprecia la falta de la conjunción copulativa “y”). Dichos acuerdos municipales se adoptan con numerosas imprecisiones en actas, que más bien parecen encubrir disidencias, entre otras, las de concejales que decidieron no ir a votar, tales como omisión del número de asistentes, nombres de los votantes, forma del voto e incluso los preceptivos quórum de 2/3. También es conocida la falta de preaviso de 48 horas y la repetición de votaciones hasta conseguir el resultado deseado.

Los argumentos esgrimidos de “razones de estado” así como de “reforzar el poder concéntrico del estado” no debían ser muy sostenibles ya entonces porque si no hubiera sido mucho más coherente y justo haber recurrido a la vía del artículo 144 CE de lo que es fácilmente deducible que más que razones de estado eran razones de partido y seguramente en algún caso personales, por ello en lugar de acudirse a la vía del artículo 144 CE se prefirió acudir a la del artículo 143.2 en fraude de Ley. De hecho nunca nos han explicado exactamente dichas "razones de estado" ni el “reforzamiento del poder concéntrico del estado”.

Como prueba del desmán tenemos las propias declaraciones de D. Rodolfo Martín Villa que preguntado en rueda de prensa en 1979 sobre la conveniencia para su partido de la inclusión de la provincia en “Castilla-León” responde: “la autonomía de León para UCD, no es, ni lo será nunca, una cuestión de partido sino una cuestión leonesa. Precisamente cualquier conexión con provincias o regiones vecinas favorecería UCD como partido: en Asturias la incorporación de nuestra provincia en el ente autonómico supondría obtener la mayoría de UCD en ese ente, mayoría que hoy ostenta la unión PSOE-PCE; en Castilla, Santander y Galicia, la incorporación leonesa acrecentaría notablemente la mayoría de UCD”. Después de que Martín Villa reconociera expresamente en su respuesta que interesaba a su partido la opción Castilla-León, esta será la opción que, pasadas las elecciones, adopte UCD, independientemente de los deseos de sus votantes.

Las opciones de los partidos ante las elecciones generales y municipales de 1979 (similares a las mantenidas tras las elecciones de 1977) se pueden resumir en las siguientes, opciones mantenidas durante las campañas electorales:
  • PCE: León con Castilla, siempre mantuvo esa posición.
  • UCD: mantiene cierta indefinición, Martín Villa y otros insinúan un referéndum seguramente para no ir abiertamente en contra de la voluntad del pueblo.
  • PSOE: Baldomero Lozano: Se pronunció favorablemente a la autonomía leonesa llegando a afirmar: “tengan ustedes la plena seguridad de que los diputados y concejales que el PSOE obtenga en las elecciones defenderán la opción autonómica León sólo”. Finalizadas las elecciones se produce la trágica muerte de Baldomero. Durante la campaña electoral se defiende “León sólo”.
Tras las elecciones de 1979 se realizan varias encuestas a fin de obtener un sondeo sobre la voluntad de los leoneses de la provincia de León. En ellas las opciones preferidas son León sólo o con Zamora y Salamanca, no observando ninguna de ellas, como primera opción, la de León con Castilla.

Pasadas las elecciones UCD es el ganador y sin embargo en acuerdo de 27 de marzo de 1979 adopta la opción “Castilla-León”, acorde con los intereses de UCD en ese momento, en lugar del siempre insinuado referéndum.

El PSOE, por su parte, en su Congreso de 15 de noviembre de 1979 resuelve: “La opción León solo encubre dejar la provincia al margen del proceso autonómico en manos de la derecha”. Continúa concluyendo que “se han de establecer contactos inmediatos con Asturias, Zamora y Salamanca y Castilla la Vieja". Es decir no importa con quien haya de unirse ni la voluntad de los leoneses a quienes representan sino que la provincia no quede en manos de la derecha, o lo que es lo mismo, intereses partidistas a corto plazo.

Al final los grandes partidos, de una u otra forma convierten el proceso en una razón de partido, para lo que se han servido de la excusa de “reforzar el poder concéntrico del Estado” argumento que pudiera tener semejanza en los principios del “regionalismo sano”, que como podemos comprobar en nada ha servido contra los nacionalismos, sino que, analizando la LOREG y su procedimiento de reforma, su existencia política más bien parece responder a otros intereses, pero esto es harina de otro costal. Si Martín Villa hubiese velado por el interés del Reino de León, ¿hubiera seguido en los puestines y con los sueldazos que siguió?

A las provincias leonesas de Zamora y Salamanca tampoco se les dio la opción de elegir, no se puede olvidar que directamente fueron incluidas en la preautonomía aún a sabiendas de que pertenecían a la Región denominada “Reino de León”. Si la CE en su artículo 2 recoge: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”. Debe hacerse notar que las nacionalidades a que se refiere el precepto no se encuentran definidas en ese momento, por lo que se convierte en un guiño hacia los nacionalismos, sin embargo las regiones se encuentran perfectamente definidas en el decreto de D. Javier de Burgos de 1833 por el que se crea la división provincial en 49 provincias, resultantes de la división de las “regiones históricas”. Si la CE reconoce el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones ¿Por qué se crea una autonomía birregional del Reino de León con Castilla la Vieja y se plantea su preautonomía sin consultar a los integrantes de dichas regiones? De esta forma queda desnaturalizado desde el inicio del proceso preautonómico el Reino de León, de forma que lo único que quedan son iniciativas provinciales para separarse de la preautonomía, no iniciativas regionales, con lo que se exige es algo insólito, una suerte de inversión de la carga de la prueba, el ejercicio de separación de cada una de las provincias para luego recuperar la Región, ejercicio al que no fue sometida ninguna otra región española. Sin duda el Reino de León no debe ser más que nadie pero tampoco menos, por lo que el planteamiento lógico y coherente hubiera sido el contrario, formar la preautonomía del Reino de León y en tal caso de operar algún cambio sería el de la provincia o provincias que no estuviesen conformes con dicho planteamiento, para formar parte del ente “Castilla-León”, o de cualquier otro en su caso.

Algo es cierto por encima de todo y es que si se unen dos regiones será para algo, y ese algo no puede ser otro que salir fortalecidos, sin embargo lo único que hemos conseguido en el Reino de León, desde que formamos parte de esta autonomía inventada, es ser cada día menos, más débiles y más pobres. A cambio unos pocos siguieron en el puestín y con el sueldazo.

Temo que los intereses fueran ajenos a cualquiera de las tres provincias leonesas y lo ocurrido en el proceso autonómico de la provincia leonesa que no pasaba y en mi opinión sigue sin pasar por el aro, es la prueba. Con seguridad la opción de “León sólo” era elegida por la ciudadanía y muchos políticos en la provincia de León como mal menor ya que la preautonomía impuesta incluía las tres provincias, y la iniciativa para salir de ella correspondía a cada provincia.

Volviendo al tema provincial de León, tras la entrada en funcionamiento del órgano preautonómico castellano y leonés, a cuya creación contribuyó la Diputación Provincial de León en su acuerdo de 16 de abril de 1980, la misma institución leonesa revocó en 13 de enero de 1983 su primer acuerdo, justo cuando el proyecto de Ley Orgánica entraba en el parlamento español. La existencia de acuerdos contradictorios y cuál era el válido fue resuelta por el Tribunal Constitucional en la Sentencia 89/1984 de 28 de septiembre a favor del primero por entender que una vez integrada la provincia en dicho órgano es dicho órgano el que debe adoptar la decisión. Tras dicha Sentencia se produjeron en León diferentes manifestaciones, algunas numerosas, a favor de la opción León sólo, que según algunas fuentes congregó a un número cercano a los 90.000 asistentes, siendo esta la mayor concentración celebrada en la ciudad en el período democrático hasta la posterior al 11M.

Todo el proceso autonómico estuvo plagado de manifestaciones más o menos numerosas desde el momento en que a nivel político se empezó a barajar la opción de la integración “castellano-leonesa”. Lo que no se conoce hasta la fecha fue ninguna manifestación a favor de la integración con Castilla.

Como puede observarse estamos ante un proceso plagado de traiciones, de decir hoy lo que el pueblo quiere escuchar para recoger votos y hacer mañana lo que le interesa al partido sin importar a quienes se está representando y ésta es la realidad de la cuestión leonesa. Visto el proceso autonómico a que fue sometido el Reino de León y en especial la provincia de León en su intento de abandonar el ente preautonómico, claramente podemos concluir con el Profesor D. Francisco Tomás y Valiente su acertada opinión que, de forma tan clara, queda recogida en el Prólogo del libro “El Antiguo Reino de León” cuyo autor es Anselmo Carretero Jiménez: “En más de un caso, y desde luego en el de León y Castilla, su composición (no quiero hablar de fronteras) se discutió, porque era discutible con la mano en la historia, y no siempre se acertó. Mitos, embrollos, secuestros y olvidos puede que tuvieran ahí su nido. Pero también intereses partidarios, caciquismos locales y provinciales, equilibrios electorales y repartos de zonas de influencia, fueron claves de un presente político apresurado y frívolo en ocasiones. Es muy posible, por lo que a León (Reino Leonés, País Leonés) se refiere, que su inserción en la actual comunidad fuera un error y no sólo acaso por razones historicistas”. Ahora me pregunto yo ¿Es éste un modelo de integración a exportar y de futuro? No creo que nadie en su sano juicio exportara la integración leonesa a ningún otro ámbito porque no resulta ejemplar precisamente.

Tras las manifestaciones, todavía multitudinarias en la provincia de León, con asistentes zamoranos y salmantinos, después de casi 30 años de autonomía impuesta, hay un hecho destacable ante la última reforma del Estatuto de Autonomía de Castilla y León. Este hecho fue la propuesta de UPL en la Diputación de León del proyecto de Estatuto, aprobado por la absoluta abstención de los grupos parlamentarios PP y PSOE, que recogía el proceso por el que la provincia de León y el resto de provincias leonesas si así lo decidían, podrían iniciar su proceso de segregación de la Comunidad de Castilla y León para formar la ya ansiada “Comunidad Leonesa”. Como era previsible, el proyecto fue rechazado por las Cortes de Castilla y León en Valladolid, pero no deja de ser un hecho la postura de la Diputación, que sigue dando aire, esperanza, y más ganas de luchar, si cabe, a todos los leoneses de bien para que algún día se haga justicia a nuestra querida tierra.