Por Álvaro Caballero, periodista (publicado en Diario de León el 19.01.2020 - https://www.diariodeleon.es/opinion/alvaro-caballero/milana-bonita/202001191036051978330.html)
El debate de la autonomía leonesa se ha convertido en un instrumento para evaluar el estado de salud de la política, como le sucede a la Sanidad cuando se agolpan los casos de gripe en la sala de espera y termina por abrir las puertas de la planta 12 del hospital. El paso al primer plano de la reivindicación de una comunidad propia, que no sale de un concurso de ideas de hoy para mañana sino de 37 años de experiencia autonómica fracasada, destapa la herrumbre del funcionamiento de los partidos mayoritarios. No hay estructura, ni participación, más allá de la existencia de un comité de notables que se arrellanan en el búnker para imponer sus tesis. Después de tantos años de democracia, el resultado es este despotismo ilustrado en el que unos pocos, que acaparan el poder y las recompensas monetarias, les dicen a los demás lo que les conviene y se sirven de ellos para lograr sus objetivos.
Todo por el pueblo pero sin los pueblos sirve de lema para el discurso como el que construyó el presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, para explicar que «no es lo mismo la decisión de los concejales del ayuntamiento de una capital de provincia, donde los ecos de la política nacional llegan más de cerca, que la de un pueblecito de montaña o un pueblecito de Tierra de Campos, donde están más preocupados de la iluminación navideña o la calefacción de la escuela». Al margen de que esos ecos vacíos se deben a la falta de las telecomunicaciones que adeuda el ejecutivo autonómico, la frase desprende el tufillo de los señoritos que enmarcó Delibes en Los Santos inocentes. La sentencia menosprecia hasta el extremo a la vanguardia de una formación que levanta sus triunfos electorales sobre las ruinas del mundo rural, pero que trata a sus representantes como hacía el Ivancito con Paco el Bajo para que le cobrara las perdices hasta que se tronzó la pierna. El insulto implícito que acompaña a la declaración del líder del PP desvela la tramoya del sistema y la pervivencia de los correajes que ya lució la UCD para obligar a sus alcaldes a aprobar la imposición de esta comunidad, con la connivencia del PSOE, que ahora amenaza a quien se salga de la fila con hacerle el vacío en las inversiones.
A mandar, que pa’ eso estamos, como repite la Régula para que los señoritos ejerzan. Nos van a disparar a la milana, bonita. Nos han visto cara de Azarías sin que nos meemos las manos.
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jueves, 23 de enero de 2020
sábado, 18 de enero de 2020
Pero antes leonesistas
Por Álvaro Caballero, periodista (publicado en Diario de León el 24.11.2019 - https://www.diariodeleon.es/opinion/alvaro-caballero/pero-antes-leonesistas/201911241047271961031.html)
Quien mejor lo entendió fue Zapatero aquella noche en la que De Francisco se quedó a las puertas del Congreso con más de 40.0000 votos y un ejército armado. El leonesismo era un rédito por capitalizar y el PSOE entonces se debatía en León entre la irrelevancia y las homilías con las que Alejo opositaba para narrador de los documentales de sobremesa de La 2. En ese escenario, el futuro presidente del Gobierno tejió una red en la que capturar los votos de los que todavía pensaban que León sólo era posible, aunque estuviera entregado a que no lo fuera. El truco estaba en mantenerse en esa fina ambigüedad, en generar un discurso leonesista a la vez que se fortalecía el poder autonómico; vamos, lo que viene a ser dar tanza al barbo. La estrategia acuñó un eslogan: redefinir el papel de León en la comunidad, como repetía Miguel Martínez, entonces secretario provincial. Más o menos lo que en aquella manifestación multitudinaria de 1984 se resumía en la pancarta que portaban los dirigentes del partido: «Somos socialistas, pero antes leonesistas». Meses después, entregaron la plaza para favorecer la creación del engendro.
El fuego se aviva cada cierto tiempo a conveniencia. El último que lo atizó fue Francisco Fernández, cuando firmó en 2007 un pacto de gobierno con la UPL, en el que se hablaba de promover dentro de la Constitución los mecanismos para avanzar hacia la autonomía leonesa. No hubo más en cuatro años. Apenas se deleitaron en juegos florales para que el partido hablara de la birregionalidad como si fuera un hito, cuando se trataba de una concesión para la galería con la que tragaban en Valladolid a cambio de la fagocitación de los votos de los leonesistas, quienes entendieron tarde que habían rubricado un acuerdo fáustico. Ahora, el nuevo alcalde socialista, deudo de Fernández, vuelve sobre lo segao para defender que la Región Leonesa debería ser comunidad y exhorta a crear una unidad de acción, pero no dice cómo, ni cuándo, ni sobre todo cuánto está dispuesto a arriesgar para llegar hasta el final. De momento, le sale gratis enfundarse la bandera para reeditar la farsa y agitar el avispero, en el que el PP, heredero de la derecha que presentó el recurso de inconstitucionalidad contra la formación de Castilla y León, se pone maricomplejines, y Ciudadanos confunde regionalismo con independentismo. José Antonio Diez ya tiene lo que quiere. León, todavía no.
Quien mejor lo entendió fue Zapatero aquella noche en la que De Francisco se quedó a las puertas del Congreso con más de 40.0000 votos y un ejército armado. El leonesismo era un rédito por capitalizar y el PSOE entonces se debatía en León entre la irrelevancia y las homilías con las que Alejo opositaba para narrador de los documentales de sobremesa de La 2. En ese escenario, el futuro presidente del Gobierno tejió una red en la que capturar los votos de los que todavía pensaban que León sólo era posible, aunque estuviera entregado a que no lo fuera. El truco estaba en mantenerse en esa fina ambigüedad, en generar un discurso leonesista a la vez que se fortalecía el poder autonómico; vamos, lo que viene a ser dar tanza al barbo. La estrategia acuñó un eslogan: redefinir el papel de León en la comunidad, como repetía Miguel Martínez, entonces secretario provincial. Más o menos lo que en aquella manifestación multitudinaria de 1984 se resumía en la pancarta que portaban los dirigentes del partido: «Somos socialistas, pero antes leonesistas». Meses después, entregaron la plaza para favorecer la creación del engendro.
El fuego se aviva cada cierto tiempo a conveniencia. El último que lo atizó fue Francisco Fernández, cuando firmó en 2007 un pacto de gobierno con la UPL, en el que se hablaba de promover dentro de la Constitución los mecanismos para avanzar hacia la autonomía leonesa. No hubo más en cuatro años. Apenas se deleitaron en juegos florales para que el partido hablara de la birregionalidad como si fuera un hito, cuando se trataba de una concesión para la galería con la que tragaban en Valladolid a cambio de la fagocitación de los votos de los leonesistas, quienes entendieron tarde que habían rubricado un acuerdo fáustico. Ahora, el nuevo alcalde socialista, deudo de Fernández, vuelve sobre lo segao para defender que la Región Leonesa debería ser comunidad y exhorta a crear una unidad de acción, pero no dice cómo, ni cuándo, ni sobre todo cuánto está dispuesto a arriesgar para llegar hasta el final. De momento, le sale gratis enfundarse la bandera para reeditar la farsa y agitar el avispero, en el que el PP, heredero de la derecha que presentó el recurso de inconstitucionalidad contra la formación de Castilla y León, se pone maricomplejines, y Ciudadanos confunde regionalismo con independentismo. José Antonio Diez ya tiene lo que quiere. León, todavía no.
lunes, 30 de diciembre de 2019
Al paredón
Por Álvaro Caballero, periodista (publicado en Diario de León, 29.12.2019 - https://www.diariodeleon.es/opinion/alvaro-caballero/al-paredon/201912291106241971932.html)
A la tergiversación contribuye el PSOE autonómico y federal, que mientras hace manitas por debajo de la mesa con los independentistas para que Sánchez pilote el Falcon ensaya un mohín para espantar con asco las reivindicaciones leonesas que tienen asiento legítimo en la Constitución
Como si nos metieran en un chiste de los que empiezan con la muletilla de «se abre el telón», los popes de la política nacional y los tuiteros expertos en chascarrillos aprovecharon la moción que propugna la Región Leonesa para recordarnos la insignificancia de nuestra presencia en el cuadrante noroeste de la península. Con una sarta de calificativos que van desde cretinos hasta neopaletos, tontos, zoquetes e ignorantes, la intelectualidad que exhibe su juicio preclaro detrás de un hastag simplón se lanzó a despellejar la legitimidad de un debate que creyeron que nacía ayer. Ahora, fue el adverbio preferido para enmarcar el análisis de su cosmopaletismo, izado sobre un punto de vista que no rebasa la altura del ombligo que fijan en Valladolid, Madrid, Barcelona y otros grandes núcleos desde los que deben salir en auxilio para evangelizar a los analfabetos de las colonias. Alguno hasta descubrió de pronto que en el cuartel superior derecho del escudo de España se alza un león rampante por historia, no porque «se escapó del zoo», como ironiza Tom Vadinia para escaldar listillos.Como si nos metieran en un chiste de los que empiezan con la muletilla de «se abre el telón», los popes de la política nacional y los tuiteros expertos en chascarrillos aprovecharon la moción que propugna la Región Leonesa para recordarnos la insignificancia de nuestra presencia en el cuadrante noroeste de la península. Con una sarta de calificativos que van desde cretinos hasta neopaletos, tontos, zoquetes e ignorantes, la intelectualidad que exhibe su juicio preclaro detrás de un hastag simplón se lanzó a despellejar la legitimidad de un debate que creyeron que nacía ayer. Ahora, fue el adverbio preferido para enmarcar el análisis de su cosmopaletismo, izado sobre un punto de vista que no rebasa la altura del ombligo que fijan en Valladolid, Madrid, Barcelona y otros grandes núcleos desde los que deben salir en auxilio para evangelizar a los analfabetos de las colonias. Alguno hasta descubrió de pronto que en el cuartel superior derecho del escudo de España se alza un león rampante por historia, no porque «se escapó del zoo», como ironiza Tom Vadinia para escaldar listillos.
El escarnio público muestra la ignorancia sobre una reclamación que comenzó en 1978, persistió con el apadrinamiento del engendro por parte de Martín Villa, ante el que Alianza Popular llegó a presentar un recurso de inconstitucionalidad, y que sacó más de 90.000 personas a la calle en 1984. Lejos de atenuarse, por mucho que porfíen los tibios el sentimiento de rechazo se mantiene en auge, alimentado por el desarrollo asimétrico que ha propiciado la concentración de las inversiones en el eje de Valladolid, Burgos y Palencia y por el abandono de la Región Leonesa, constatable en el declive demográfico y los indicadores de empleo. La suma de factores propicia un debate vivo que se ha visto contaminado de manera interesada sin rubor por el PP y Ciudadanos para vincularlo al nacionalismo, cuando es todo lo contrario. A la tergiversación contribuye el PSOE autonómico y federal, que mientras hace manitas por debajo de la mesa con los independentistas para que Sánchez pilote el Falcon ensaya un mohín para espantar con asco las reivindicaciones leonesas que tienen asiento legítimo en la Constitución. Circulen, nada que hablar.
Se cierra el telón. La película se titula Nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto. Qué graciosos.
A la tergiversación contribuye el PSOE autonómico y federal, que mientras hace manitas por debajo de la mesa con los independentistas para que Sánchez pilote el Falcon ensaya un mohín para espantar con asco las reivindicaciones leonesas que tienen asiento legítimo en la Constitución
Como si nos metieran en un chiste de los que empiezan con la muletilla de «se abre el telón», los popes de la política nacional y los tuiteros expertos en chascarrillos aprovecharon la moción que propugna la Región Leonesa para recordarnos la insignificancia de nuestra presencia en el cuadrante noroeste de la península. Con una sarta de calificativos que van desde cretinos hasta neopaletos, tontos, zoquetes e ignorantes, la intelectualidad que exhibe su juicio preclaro detrás de un hastag simplón se lanzó a despellejar la legitimidad de un debate que creyeron que nacía ayer. Ahora, fue el adverbio preferido para enmarcar el análisis de su cosmopaletismo, izado sobre un punto de vista que no rebasa la altura del ombligo que fijan en Valladolid, Madrid, Barcelona y otros grandes núcleos desde los que deben salir en auxilio para evangelizar a los analfabetos de las colonias. Alguno hasta descubrió de pronto que en el cuartel superior derecho del escudo de España se alza un león rampante por historia, no porque «se escapó del zoo», como ironiza Tom Vadinia para escaldar listillos.Como si nos metieran en un chiste de los que empiezan con la muletilla de «se abre el telón», los popes de la política nacional y los tuiteros expertos en chascarrillos aprovecharon la moción que propugna la Región Leonesa para recordarnos la insignificancia de nuestra presencia en el cuadrante noroeste de la península. Con una sarta de calificativos que van desde cretinos hasta neopaletos, tontos, zoquetes e ignorantes, la intelectualidad que exhibe su juicio preclaro detrás de un hastag simplón se lanzó a despellejar la legitimidad de un debate que creyeron que nacía ayer. Ahora, fue el adverbio preferido para enmarcar el análisis de su cosmopaletismo, izado sobre un punto de vista que no rebasa la altura del ombligo que fijan en Valladolid, Madrid, Barcelona y otros grandes núcleos desde los que deben salir en auxilio para evangelizar a los analfabetos de las colonias. Alguno hasta descubrió de pronto que en el cuartel superior derecho del escudo de España se alza un león rampante por historia, no porque «se escapó del zoo», como ironiza Tom Vadinia para escaldar listillos.
El escarnio público muestra la ignorancia sobre una reclamación que comenzó en 1978, persistió con el apadrinamiento del engendro por parte de Martín Villa, ante el que Alianza Popular llegó a presentar un recurso de inconstitucionalidad, y que sacó más de 90.000 personas a la calle en 1984. Lejos de atenuarse, por mucho que porfíen los tibios el sentimiento de rechazo se mantiene en auge, alimentado por el desarrollo asimétrico que ha propiciado la concentración de las inversiones en el eje de Valladolid, Burgos y Palencia y por el abandono de la Región Leonesa, constatable en el declive demográfico y los indicadores de empleo. La suma de factores propicia un debate vivo que se ha visto contaminado de manera interesada sin rubor por el PP y Ciudadanos para vincularlo al nacionalismo, cuando es todo lo contrario. A la tergiversación contribuye el PSOE autonómico y federal, que mientras hace manitas por debajo de la mesa con los independentistas para que Sánchez pilote el Falcon ensaya un mohín para espantar con asco las reivindicaciones leonesas que tienen asiento legítimo en la Constitución. Circulen, nada que hablar.
Se cierra el telón. La película se titula Nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto. Qué graciosos.
lunes, 24 de junio de 2019
No te cortes
Por Álvaro Caballero, periodista, (publicado en Diario de León del 23.06.2019 - www.diariodeleon.es/noticias/opinion/no-cortes_1344553.html)
NB.: Las negrillas son “del león que ruge”
Como los yanquis que se dedicaron a comprar monumentos para trasladarlos a un país sin patrimonio anterior a la fundación de la Metro Goldwyn Mayer, Luis Fuentes se vino arriba el jueves durante la constitución del parlamento autonómico para mostrarse orgulloso de presidir “la institución de representación popular más antigua del mundo, que da voz a castellanos y leoneses desde hace más de 900 años». ¡Arrea! Sin ponerse rojo, el procurador de Ciudadanos no sólo se saltó las matemáticas que demuestran que desde se constituyó esta comunidad en 1983 hasta ahora no han pasado nueve siglos, por muy largo que se nos esté haciendo. Más allá de esta consideración numérica, disculpable para alguien de letras, aunque sólo sea de canciones, el asalariado naranja consumó como presidente de la institución la apropiación cultural de las Cortes leonesas de 1188 como si fueran castellanas para adornar su discurso, escrito con pretenciosidad por algún intelectual de Google, igual que le podría haber declarado heredero del hombre de Atapuerca, aunque hubiera sido dar demasiadas pistas.
La mención a la herencia de las Cortes leonesas como patrimonio autonómico reedita la infamia de confundir el todo por la parte que ya intentó la Junta, cuando hace tres años tomó el claustro de San Isidoro con sus banderas cuarteladas para escenificar un pleno del parlamento. El esfuerzo monetario para abastardar la identidad regional dejó posos como el mostrado por el socialista Luis Tudanca. El líder del PSOE, con dos puntos menos de soberbia que antes de creerse presidente, persistió el jueves en su orgullo de formar parte del “parlamento más antiguo del mundo”, dentro todavía de su papel de resucitado al que le lamen las heridas los acólitos, a la espera de que se den las condiciones para el motín, tan socialista, en el que alguien se erija en líder de la puñalada bruta. A la fiesta se sumó el portavoz de Vox —qué más da el nombre— para balbucear no sé qué clichés rancios sobre la ideología de género y hacer gala de su indigencia política. Sólo faltó que se luciera el popular Alfonso Fernández Mañueco, necesitado de que alguien hablé con su voz para que parezca que ha cambiado. Le servirá el ciudadano Francisco Igea, quien debe levantar la mano para pedir permiso a la dirección de su partido en Madrid cada vez que quiera ir al baño. Las Cortes no han cambiado tanto en 900 años. Aquí en León como allá en Castilla.
NB.: Las negrillas son “del león que ruge”
Como los yanquis que se dedicaron a comprar monumentos para trasladarlos a un país sin patrimonio anterior a la fundación de la Metro Goldwyn Mayer, Luis Fuentes se vino arriba el jueves durante la constitución del parlamento autonómico para mostrarse orgulloso de presidir “la institución de representación popular más antigua del mundo, que da voz a castellanos y leoneses desde hace más de 900 años». ¡Arrea! Sin ponerse rojo, el procurador de Ciudadanos no sólo se saltó las matemáticas que demuestran que desde se constituyó esta comunidad en 1983 hasta ahora no han pasado nueve siglos, por muy largo que se nos esté haciendo. Más allá de esta consideración numérica, disculpable para alguien de letras, aunque sólo sea de canciones, el asalariado naranja consumó como presidente de la institución la apropiación cultural de las Cortes leonesas de 1188 como si fueran castellanas para adornar su discurso, escrito con pretenciosidad por algún intelectual de Google, igual que le podría haber declarado heredero del hombre de Atapuerca, aunque hubiera sido dar demasiadas pistas.
La mención a la herencia de las Cortes leonesas como patrimonio autonómico reedita la infamia de confundir el todo por la parte que ya intentó la Junta, cuando hace tres años tomó el claustro de San Isidoro con sus banderas cuarteladas para escenificar un pleno del parlamento. El esfuerzo monetario para abastardar la identidad regional dejó posos como el mostrado por el socialista Luis Tudanca. El líder del PSOE, con dos puntos menos de soberbia que antes de creerse presidente, persistió el jueves en su orgullo de formar parte del “parlamento más antiguo del mundo”, dentro todavía de su papel de resucitado al que le lamen las heridas los acólitos, a la espera de que se den las condiciones para el motín, tan socialista, en el que alguien se erija en líder de la puñalada bruta. A la fiesta se sumó el portavoz de Vox —qué más da el nombre— para balbucear no sé qué clichés rancios sobre la ideología de género y hacer gala de su indigencia política. Sólo faltó que se luciera el popular Alfonso Fernández Mañueco, necesitado de que alguien hablé con su voz para que parezca que ha cambiado. Le servirá el ciudadano Francisco Igea, quien debe levantar la mano para pedir permiso a la dirección de su partido en Madrid cada vez que quiera ir al baño. Las Cortes no han cambiado tanto en 900 años. Aquí en León como allá en Castilla.
miércoles, 17 de octubre de 2018
Ahora vienen
Por Álvaro Caballero, periodista (publicado en Diário de León el 14.10.2017)
Por si el descabello airado de los árboles no fuera suficiente para hacer que nos descolguemos cuesta abajo por el tobogán anímico del otoño, el INE nos encaja de nuevo la proyección de sus cifras de población para enfocar bien el futuro que se nos viene encima. Los expertos demográficos avanzan que en los próximos 15 años la provincia leonesa perderá 51.890 habitantes, resta y sigue, y que una cuarta parte de los vecinos superará los 70 años. No pinta bien, pero tampoco sorprende a nadie. Venimos de ver otros 50.000 que se fueron en la última década con el último autobús de los domingos por la tarde, mientras las administraciones públicas se empachaban a discursos de auto ensalzamiento sobre sus esfuerzos en favorecer el desarrollo de esta tierra y se escudaban, ante las quejas por los resultados, en la libertad de las empresas para instalarse donde quieren, con los aplausos de la patronal leonesa como eco.
La inercia tiene un nuevo capítulo con el cierre de Vestas. La muerte televisada en directo de la factoría, con la plantilla acampada a la puerta durante tres meses para mostrar lo que significa la dignidad de la lucha laboral, se ha convertido en un espectáculo lamentable con la pugna del Gobierno y la Junta por arrogarse el mérito de encontrar una empresa que ocupe el vacío de la multinacional eólica. La carrera de las dos ultimas semanas por venderse como salvadores, con anuncios y contra anuncios, vacíos y desconfiados, muestra la ruindad de los responsables políticos ante el drama de 362 familias que saben que a final de año no mirará nadie para ellas. Ahora resulta que abundan las empresas que quieren tomar el relevo en el polígono de Villadangos para hacer dinero y generar riqueza en esta tierra. Ahora sobran las industrias que ven atractivo el suelo industrial para promover su negocio, mientras en las minas recelan del enchufismo danés frente a la dejadez de su decapitación, no menos anunciada pero quizá no tan granhermaniana. Ahora la Junta tiene capacidad para mover empresas, después de años de vender que no podían hacerlo, mientras primaban la instalación en Valladolid y potenciaban sus infraestructuras para que aumentara su competitividad. Ahora, cuando repiten la misma estrategia al alentar el parque agroalimentario castellano y boicotear la plataforma logística de Torneros, los políticos pelean por situarse en el mejor sitio de la foto de cara a la campaña electoral que se avecina. Ahora... Ahora ya es mañana y no queda casi nadie.
Por si el descabello airado de los árboles no fuera suficiente para hacer que nos descolguemos cuesta abajo por el tobogán anímico del otoño, el INE nos encaja de nuevo la proyección de sus cifras de población para enfocar bien el futuro que se nos viene encima. Los expertos demográficos avanzan que en los próximos 15 años la provincia leonesa perderá 51.890 habitantes, resta y sigue, y que una cuarta parte de los vecinos superará los 70 años. No pinta bien, pero tampoco sorprende a nadie. Venimos de ver otros 50.000 que se fueron en la última década con el último autobús de los domingos por la tarde, mientras las administraciones públicas se empachaban a discursos de auto ensalzamiento sobre sus esfuerzos en favorecer el desarrollo de esta tierra y se escudaban, ante las quejas por los resultados, en la libertad de las empresas para instalarse donde quieren, con los aplausos de la patronal leonesa como eco.
La inercia tiene un nuevo capítulo con el cierre de Vestas. La muerte televisada en directo de la factoría, con la plantilla acampada a la puerta durante tres meses para mostrar lo que significa la dignidad de la lucha laboral, se ha convertido en un espectáculo lamentable con la pugna del Gobierno y la Junta por arrogarse el mérito de encontrar una empresa que ocupe el vacío de la multinacional eólica. La carrera de las dos ultimas semanas por venderse como salvadores, con anuncios y contra anuncios, vacíos y desconfiados, muestra la ruindad de los responsables políticos ante el drama de 362 familias que saben que a final de año no mirará nadie para ellas. Ahora resulta que abundan las empresas que quieren tomar el relevo en el polígono de Villadangos para hacer dinero y generar riqueza en esta tierra. Ahora sobran las industrias que ven atractivo el suelo industrial para promover su negocio, mientras en las minas recelan del enchufismo danés frente a la dejadez de su decapitación, no menos anunciada pero quizá no tan granhermaniana. Ahora la Junta tiene capacidad para mover empresas, después de años de vender que no podían hacerlo, mientras primaban la instalación en Valladolid y potenciaban sus infraestructuras para que aumentara su competitividad. Ahora, cuando repiten la misma estrategia al alentar el parque agroalimentario castellano y boicotear la plataforma logística de Torneros, los políticos pelean por situarse en el mejor sitio de la foto de cara a la campaña electoral que se avecina. Ahora... Ahora ya es mañana y no queda casi nadie.
lunes, 5 de septiembre de 2016
Cortes abiertas
Por Álvaro Caballero (publicado en Diario de León, en "La Liebre" el 24.04.2016 -http://www.diariodeleon.es/noticias/opinion/cortes-abiertas_1063969.html)
Como no hemos ido tampoco esta vez a Villalar, que mira que ponemos empeño cada 23 de abril pero al final el GPS del inconsciente acaba por llevarnos el coche al Ikea de Asturias, la Junta nos va a meter este año la campa en casa. El parlamento autonómico tomará el próximo 4 de mayo el claustro de la Colegiata de San Isidoro para celebrar un pleno, con toda la pompa y el boato. Un homenaje de suplantación con sus Cortes a aquellas otras de 1188, cuando éramos un reino respetado y no la única región histórica sin comunidad, en las que Alfonso IX, en el mismo marco, convocó por primera vez en la historia al pueblo para que se sentara junto a la nobleza y el clero, aunque sólo fueran convidados los incipientes burgueses cuya bolsa necesitaba el monarca para financiar sus guerras. Ahora, más de ocho siglos después, nos van a mecer la «Cuna del parlamentarismo» con la misma mano que nos han apretado el cuello en los últimos 33 años para que tengamos claro cuál es la cuna que nos arrolló.
La idea incide en el propósito de crear identidad y sentimiento de región, con decenas de millones de euros invertidos en balde por la Junta en las tres últimas décadas, como si fuéramos los cataríes a los que el emir pagaba en el último Mundial de balonmano para que animasen a cada una de las selecciones. No importa que León haya perdido en este tiempo 42.036 habitantes mientras Valladolid ganaba a su vez 43.484 vecinos. Da igual que se haya estimulado el desembarco de empresas en Boecillo y se haya abandonado de manera deliberada la provincia leonesa como un parque temático turístico para señoritos. No tiene interés que los fondos Objetivo 1 de la UE y los Miner que tenían como destino el desarrollo de las zonas desfavorecidas se utilizaran para enmascarar inversiones en el triángulo castellano de Valladolid, Burgos y Palencia. Se trata de una bobada que en los libros de Educación se adoctrine con la existencia de Castilla y León desde el hombre de Atapuerca y, por contra, no se estudie en ningún curso dónde fueron las primeras Cortes representativas del parlamentarismo moderno.
No podemos negar que resulta un detalle que la Junta traiga un pleno a donde fueron esas Cortes. Estaría bien que entrara el pueblo llano —mineros, agricultores, ganaderos, despedidos, padres cuyos hijos han tenido que emigrar a la fuerza— a decirles lo que piensa de esta su comunidad.
Como no hemos ido tampoco esta vez a Villalar, que mira que ponemos empeño cada 23 de abril pero al final el GPS del inconsciente acaba por llevarnos el coche al Ikea de Asturias, la Junta nos va a meter este año la campa en casa. El parlamento autonómico tomará el próximo 4 de mayo el claustro de la Colegiata de San Isidoro para celebrar un pleno, con toda la pompa y el boato. Un homenaje de suplantación con sus Cortes a aquellas otras de 1188, cuando éramos un reino respetado y no la única región histórica sin comunidad, en las que Alfonso IX, en el mismo marco, convocó por primera vez en la historia al pueblo para que se sentara junto a la nobleza y el clero, aunque sólo fueran convidados los incipientes burgueses cuya bolsa necesitaba el monarca para financiar sus guerras. Ahora, más de ocho siglos después, nos van a mecer la «Cuna del parlamentarismo» con la misma mano que nos han apretado el cuello en los últimos 33 años para que tengamos claro cuál es la cuna que nos arrolló.
La idea incide en el propósito de crear identidad y sentimiento de región, con decenas de millones de euros invertidos en balde por la Junta en las tres últimas décadas, como si fuéramos los cataríes a los que el emir pagaba en el último Mundial de balonmano para que animasen a cada una de las selecciones. No importa que León haya perdido en este tiempo 42.036 habitantes mientras Valladolid ganaba a su vez 43.484 vecinos. Da igual que se haya estimulado el desembarco de empresas en Boecillo y se haya abandonado de manera deliberada la provincia leonesa como un parque temático turístico para señoritos. No tiene interés que los fondos Objetivo 1 de la UE y los Miner que tenían como destino el desarrollo de las zonas desfavorecidas se utilizaran para enmascarar inversiones en el triángulo castellano de Valladolid, Burgos y Palencia. Se trata de una bobada que en los libros de Educación se adoctrine con la existencia de Castilla y León desde el hombre de Atapuerca y, por contra, no se estudie en ningún curso dónde fueron las primeras Cortes representativas del parlamentarismo moderno.
No podemos negar que resulta un detalle que la Junta traiga un pleno a donde fueron esas Cortes. Estaría bien que entrara el pueblo llano —mineros, agricultores, ganaderos, despedidos, padres cuyos hijos han tenido que emigrar a la fuerza— a decirles lo que piensa de esta su comunidad.
miércoles, 17 de abril de 2013
A Villalar
Al aproximarse el 24 de Abril, no nos resistimos a publicar el artículo, publicado en Diario de León el 22 de Abril del pasado año 2012, sobre la fiesta que celebran nuestros vecinos castellanos en la víspera del Homenaje a los Héroes Leoneses que, cada año, se celebra en la ciudad de León.
Por Álvaro Caballero
Los leoneses no van a Villalar porque no saben dónde queda. Un descubrimiento que ha quedado acreditado esta semana, después de que Emilio Gancedo y Abigail Calvo asaltaran en plena calle, para un reportaje de este periódico, a una treintena de vecinos con el reto de que localizaran el lugar en el que se tiende la Campa. «En Castilla-La Mancha», acertó a buscar uno de los interpelados para dar fe de lo lejos que nos queda en esta tierra todo eso de la Comunidad. La parafernalia que, va para tres décadas, se encargaron de montar a los postres de una cena Gregorio Peces Barba y Martín Villa. Éste último, un leonés que tampoco sabía guiarse hasta allí, pero que acertó a llegar gracias a que desde que dejó el colegio contó con coche oficial y chófer para que le llevaran a todos los lados. Una desgracia que hace que, como siempre pasa aquí, sean los listos los que nos meten en los peores sitios.
La revelación le da pistas a la Junta, que en todo este tiempo ha invertido miles de millones para construir una identidad regional, cuando lo hubiera resuelto mediante un convenio con el Instituto Geográfico Nacional para que nos regalara unos mapas. Un primer paso para que los leoneses, siempre desconfiados, no pensáramos que el Alsa que partió durante todos estos años con dirección sur por la N-601 desembocaba en un agujero negro que se ha tragado centenares de jóvenes sin retorno, sino que tenía un destino definido, concreto. La plaza que ha engordado en riqueza y empleo a la sombra de las almenas castellanas, mientras aquí se agostaban los campos, se cerraban las minas, se anegaban los valles, se esquilmaban los recursos forestales, se ponían trabas a las empresas, se devolvían en valija las inversiones y se calaba la boina a los abuelos para que no vieran en lo que habíamos quedado.
Pero antes de que nos subvencionen un GPS, mañana de nuevo en León no se trabajará y el martes será fiesta, aunque sólo sea por el empeño de un puñado de nostálgicos que rememoran a los héroes leoneses del 24 de abril. La reivindicación de un territorio de identidad que nos queda más cerca, que todo el mundo sabe bien dónde localizarlo, que coincide con esa letra que Fito Cabrales escribió para Platero y Tú: «Encontré en el corazón / el mapa de los sentimientos / ya lo ves no estaba tan lejos».
Pero ahora, ¿quién sabe dónde?
Por Álvaro Caballero
Los leoneses no van a Villalar porque no saben dónde queda. Un descubrimiento que ha quedado acreditado esta semana, después de que Emilio Gancedo y Abigail Calvo asaltaran en plena calle, para un reportaje de este periódico, a una treintena de vecinos con el reto de que localizaran el lugar en el que se tiende la Campa. «En Castilla-La Mancha», acertó a buscar uno de los interpelados para dar fe de lo lejos que nos queda en esta tierra todo eso de la Comunidad. La parafernalia que, va para tres décadas, se encargaron de montar a los postres de una cena Gregorio Peces Barba y Martín Villa. Éste último, un leonés que tampoco sabía guiarse hasta allí, pero que acertó a llegar gracias a que desde que dejó el colegio contó con coche oficial y chófer para que le llevaran a todos los lados. Una desgracia que hace que, como siempre pasa aquí, sean los listos los que nos meten en los peores sitios.
La revelación le da pistas a la Junta, que en todo este tiempo ha invertido miles de millones para construir una identidad regional, cuando lo hubiera resuelto mediante un convenio con el Instituto Geográfico Nacional para que nos regalara unos mapas. Un primer paso para que los leoneses, siempre desconfiados, no pensáramos que el Alsa que partió durante todos estos años con dirección sur por la N-601 desembocaba en un agujero negro que se ha tragado centenares de jóvenes sin retorno, sino que tenía un destino definido, concreto. La plaza que ha engordado en riqueza y empleo a la sombra de las almenas castellanas, mientras aquí se agostaban los campos, se cerraban las minas, se anegaban los valles, se esquilmaban los recursos forestales, se ponían trabas a las empresas, se devolvían en valija las inversiones y se calaba la boina a los abuelos para que no vieran en lo que habíamos quedado.
Pero antes de que nos subvencionen un GPS, mañana de nuevo en León no se trabajará y el martes será fiesta, aunque sólo sea por el empeño de un puñado de nostálgicos que rememoran a los héroes leoneses del 24 de abril. La reivindicación de un territorio de identidad que nos queda más cerca, que todo el mundo sabe bien dónde localizarlo, que coincide con esa letra que Fito Cabrales escribió para Platero y Tú: «Encontré en el corazón / el mapa de los sentimientos / ya lo ves no estaba tan lejos».
Pero ahora, ¿quién sabe dónde?
jueves, 30 de agosto de 2012
Reordenación
Por Álvaro Caballero (publicado en Diário de León el 19 de Agosto de 2012)
Cada vez que la Junta habla de reordenar el territorio, en León se trancan las contraventanas y se apuntalan por dentro las puertas. Parpadea la luz amarilla y se adivina a los estadistas con las chaquetas ahormadas en el respaldo de la silla, las corbatas bajo la luz macilenta de una lámpara y los dedos afilados de contar billetes de 500, mientras las imágenes de la cámara se superponen sobre un paisaje desértico que lo mismo puede ser la route 69 que la margen izquierda del Porma.
El guión de una película, que se empezó a grabar hace casi tres décadas, que para los leoneses guarda una moraleja imborrable: un eufemismo político aplicado sobre un mapa de la provincia puede ser más peligroso que una pareja de lobos con tricornio colocada a la entrada de la verbena de un pueblín de las Arrimadas. El avance del nuevo plan de la Junta suena a reparcelación agraria y tiene a los paisanos agarrados al mojón.
Cautelas que han despertado no con las trompetas de la publicidad entonadas desde el corredor del Pisuerga, sino por las ausencias del autobús en las frecuencias que llevaban a los paisanos a revisar los niveles del Sintrom los lunes por la mañana. Ese Alsa con hijuelas que apadrinó el consejero Silván, quien tras tantos años hizo que a Martiniano lo rebautizaran como transporte a la demanda, después de un álbum de fotos sonrientes que hubiera servido para alfombrar las rayas discontinuas de la red provincial.
Se anunciaba parada hasta en Utrero, si la pedía el oso que este verano desmantela colmenas y se pone goloso por debajo de Adrados, pero ahora el paisano tendrá que volver a llamar al guaje, molestar al vecino o tirar para la ciudad, porque se ha convertido en un gasto innecesario.
Una molestia para esos planes que antes se vendían como fórmula para mantener el tejido rural y ahora, en esta nueva revolución industrial que retorna con los mismos derechos laborales de la primera, anuncian que el médico no pasará consulta ni siquiera un día por semana. Para las recetas, a León o a la cabecera de comarca; si es más grave, mejor reservar una cama en los altos de Nava o revisar el seguro de decesos y pedir sitio en el camposanto.
Toda prudencia es poca. Metida la Junta en la reordenación territorial se puede esperar de todo. Menos descansar en paz.
Cada vez que la Junta habla de reordenar el territorio, en León se trancan las contraventanas y se apuntalan por dentro las puertas. Parpadea la luz amarilla y se adivina a los estadistas con las chaquetas ahormadas en el respaldo de la silla, las corbatas bajo la luz macilenta de una lámpara y los dedos afilados de contar billetes de 500, mientras las imágenes de la cámara se superponen sobre un paisaje desértico que lo mismo puede ser la route 69 que la margen izquierda del Porma.
El guión de una película, que se empezó a grabar hace casi tres décadas, que para los leoneses guarda una moraleja imborrable: un eufemismo político aplicado sobre un mapa de la provincia puede ser más peligroso que una pareja de lobos con tricornio colocada a la entrada de la verbena de un pueblín de las Arrimadas. El avance del nuevo plan de la Junta suena a reparcelación agraria y tiene a los paisanos agarrados al mojón.
Cautelas que han despertado no con las trompetas de la publicidad entonadas desde el corredor del Pisuerga, sino por las ausencias del autobús en las frecuencias que llevaban a los paisanos a revisar los niveles del Sintrom los lunes por la mañana. Ese Alsa con hijuelas que apadrinó el consejero Silván, quien tras tantos años hizo que a Martiniano lo rebautizaran como transporte a la demanda, después de un álbum de fotos sonrientes que hubiera servido para alfombrar las rayas discontinuas de la red provincial.
Se anunciaba parada hasta en Utrero, si la pedía el oso que este verano desmantela colmenas y se pone goloso por debajo de Adrados, pero ahora el paisano tendrá que volver a llamar al guaje, molestar al vecino o tirar para la ciudad, porque se ha convertido en un gasto innecesario.
Una molestia para esos planes que antes se vendían como fórmula para mantener el tejido rural y ahora, en esta nueva revolución industrial que retorna con los mismos derechos laborales de la primera, anuncian que el médico no pasará consulta ni siquiera un día por semana. Para las recetas, a León o a la cabecera de comarca; si es más grave, mejor reservar una cama en los altos de Nava o revisar el seguro de decesos y pedir sitio en el camposanto.
Toda prudencia es poca. Metida la Junta en la reordenación territorial se puede esperar de todo. Menos descansar en paz.
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