viernes, 1 de julio de 2011

UN «PADRE» LACERADO: ¿Se muere el río Esla?

Por Jaime Fernández Bobes (publicado en Diário de León el 1 de Abril de 2005)

Llama la atención el silencio absoluto de los responsables de Medio Ambiente sobre la calamitosa situación que sufre el río tras la construcción del embalse de Riaño



El río Esla a la salida del embalse de Riaño que trastocó profundamente el ecosistema de este cauce

Cuando finalizó la pasada temporada de pesca pudimos comprobar la muerte del río Esla en el tramo de la montaña leonesa comprendido entre la presa de Riaño y Cistierna, y ello sin perjuicio de la desastrosa situación aguas abajo de Cistierna. Pero, en el ánimo de concreción, a este momento debemos referirnos al tramo de montaña, de unos treinta kilómetros y que en este momento el desastre es total, el río está sencillamente muerto de cualquier especie piscícola. Y ya inicialmente, debemos advertir que el desastre ecológico no lo es tan solo para los aficionados a la pesca. En realidad afecta al conjunto de la población, privada de un extraordinario recurso turístico y en una zona geográfica deprimida económicamente. Esta situación nos lleva a expresar varias reflexiones, aun desde la óptica de un profano, pero con la experiencia de disponer de domicilio al pie del río. En principio señalar que la situación comenzó no tanto por el cierre de la presa de Riaño, que inicialmente devolvía las aguas por el aliviadero, sino precisamente cuando en los años posteriores empezó a desembalsarse a través de las turbinas de la central eléctrica. Las aguas de Riaño no se destinan únicamente al regadío y habrá que decir que durante largos meses producen energía eléctrica explotada por una empresa privada. Esta agua vienen desembalsadas a pie de presa, desde casi cien metros de profundidad, u con una evidente presión que se traduce en escasez de oxígeno disuelto. A ello se añadirá que el «vaso» del embalse de Riaño no vino talado o limpiado previamente, existiendo en los fondos una enorme cantidad de lodos y materia en suspensión, que también reduce la calidad y oxigenación del agua vertida al río. La consecuencia natural y obvia de la puesta en marcha de la central hidroeléctrica y la devolución al río de aguas carentes de oxígeno, fue la práctica desaparición de truchas en la parte alta del río Esla. Así se ha constatado durante varios años en los cotos de Las Salas y Valdoré. Por cierto, que estos cotos tradicionalmente calificados de primera categoría, han sido pudorosamente rebajados por la administración a segunda, pese a conocerse hasta la saciedad que están muertos y que se perpetra un verdadero fraude al ofertar tales tramos como cotos trucheros. Llama poderosamente la atención el silencio absoluto de los responsables de Medio Ambiente sobre esta situación calamitosa. Nada se explica, ninguna solución se ofrece y el tancredismo de los políticos y responsables de la sección permite suponer que manejan al río Esla como su propia finca particular. Cierto es que estos gestores y funcionarios cobran su salario de los contribuyentes, pero pese a ello desprecian a los ciudadanos hasta el punto de no sentirse obligados a rendir cuenta alguna sobre el resultado de su gestión, si así pudiera ser definida. Pero de este silencio no solamente se deduce una clamorosa ineficacia, sino también y muy especialmente, una conducta cómplice por la Administración, sabedora de las causas del desastre, que directamente y de forma poderosa señalan a la empresa explotadora de la central eléctrica de Riaño. En verdad que la explotación de la energía ofrecerá un ingente resultado de beneficios, y que sería consecuente con la lógica mas elemental el obligar a destinar una mínima parte de las ganancias a conservar el río, supuestamente bien común. Pero falta la voluntad política, y falta incluso el mínimo respeto a la legalidad vigente, que entre otros aspectos también penaliza la contaminación de las aguas y el perjuicio al equilibrio medioambiental (Artículo 325 del Código Penal). A cualquier consideración profana se evidencia la necesidad de actuaciones, y en verdad que la credibilidad de la Administración ya es nula, a la vista de los resultados presentes. Son necesarios estudios científicos contrastados e independientes que inicialmente determinen las causas de la muerte del río Esla y sus eventuales agentes responsables. Estos estudios que deberían comenzar por el análisis de la calidad de las aguas devueltas al río por la central eléctrica, por el más elemental principio democrático deberían ser de pleno conocimiento público, pues pública es la naturaleza del río. Aquí podría jugar un papel esencial la misma Universidad de León, en garantía del respeto y rigor que merece el tratamiento medioambiental de la región. En lógica consecuencia, y una vez detectadas las causas, cabrá en su caso la exigencia de responsabilidades de todo orden y especialmente económicas, a las personas y entidades que, por acción u omisión, aparecieran como causantes de los daños, así como determinar las actuaciones correctas que el río Esla merece y necesita. Ciertamente que no somos optimistas, pues estos hechos son sobradamente conocidos desde hace largos años por una Administración inoperante. Pero también confiamos en la movilización de los ciudadanos y organizaciones cívicas que obligue al cambio de una situación que reiteradamente deberá ser definida como catástrofe ecológica, y aun susceptible de ser calificada como de posible delito contra el medio ambiente fluvial. Y, finalmente, también hacer constar que idénticas o parecidas reflexiones podrían ser realizadas sobre el conjunto de la gestión de los rí os de la región que, en su situación general, deberá ser calificada sencillamente y a la vista de los resultados, como desastrosa.

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